Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche los atardeceres, los arrabales, algunos espejos de azogue interior, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, acaso de lo mío que encuentro en mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



domingo, 30 de marzo de 2025

viernes, 21 de marzo de 2025

#DíaDeLaPoesía

 


Solo en la oscuridad los versos derraman luz, destilan sentido.

(Avda. Poeta Rilke. Ronda. #DíaDeLaPoesía)

domingo, 9 de marzo de 2025

"Rosario de Arriate"

 


Y en esa enorme y prodigiosa caja de resonancias místicas que es la iglesia del Espíritu Santo, emergiendo de una susurrante y húmeda sordina provocada por la borrasca que en el exterior desataba su paradoja de desplante y ruido, los primeros sones de una primera melodía de percusión y metal, de pasión o redención, caían de la cúpula como hojas de otoño, como lágrimas de cristal, como esos acordes o gotas de lluvia en un espejo, en el agua del océano, para integrarse, fusionarse con cada una de las moléculas, de alteración, de sentimiento, de... que nos trama con misterio, a los seres que allí estábamos y asistíamos fascinados, estremecidos, al concierto benéfico en favor de Cáritas e interpretado por la Banda de Cornetas y Tambores Rosario de Arriate, con motivo de su XXX aniversario fundacional. Y cuando los versos de estos poemas sinfónicos penetraban y arraigaban en las entrañas de nosotros, de todos, llevándose una parte importante de nuestro interior, comenzaban a elevarse en su vuelta a la bóveda de ocho nervios para caer de nuevo en un círculo eterno, vibrante y melodioso. Normal que el cuerpo se resistiera a dejar ir tan sentidas e interpretadas marchas, erizando su piel, soltando alguna que otra lágrima, vagido o peso, latidos mayores que otros, poniendo sus vellos como escarpias para aferrarse a esas notas, agarrándose con el alma a ellas para que no salieran, permanecieran, para que siempre resonaran y conmovieran adentro, en un encuentro de afinación y belleza; tal como dijo Miguel Becerra, Hermano Mayor del Santo Entierro, tal como experimentamos todos con contento: una continua conmoción a flor de piel que no era a consecuencia del frío, sino del fuego, de gozo, magia y emoción. Sensibilidad, belleza, consciencia. Un privilegio oír, disfrutar y sentir, en la iglesia del Espíritu Santo, a la banda de cornetas y tambores Rosario de Arriate. Un placer por esta escenificación, precisamente aquí, allí, de la tragedia suprema y leyenda.


Asimismo, tengo que contarlo, en un relato muy personal o acaso porque yo fui solo observador y consciente de una inquieta coincidencia y excepcionalidad, suceso, y puesto que la casualidad no existe. Durante el concierto aconteció o asistí a cuanto sigue y de lo que si a vosotros que me leéis no os parecerá importante, sino insustancial o frívolo, a mí estremeció por su singularidad y efecto: Todos los componentes de la banda de cornetas y tambores Rosario de Arriate se apretujaban en el espacio entre el altar mayor y la bancada reclinatoria, todos o a excepción de tres o cuatro componentes que se situaron arriba en el cuadrilátero del presbiterio. Entre estos, escorada a la izquierda, una joven, la que durante casi todo el evento sostuvo el estandarte de la banda, con su titular, la virgen del Rosario, y "matrona" de Arriate, repujada en dorados. Me extrañó y atrajo de la adolescente su rostro ceroso, luminiscente, de una tonalidad como la superficie de las imágenes votivas del Templo, de la cera de tantos cirios, velas y mariposas o candelillas; de una palidez sobrecogedora, frágil, delicada, en la que se aventuraban sus enormes y oscuros ojos. Luego, en sus rasgos hallé una extraña familiaridad, reconocimiento, como si la conociera de algo o de siempre o de otro mundo o realidad. Y en este barrunto o asomo, inquieto y confuso, en su resorte, en su dictado, sin duda en su capricho, en su magia o portento, mi vista inició la búsqueda a la familiaridad, al reconocimiento, en la dilucidación de su semejanza en el enorme cuadro que preside el testero o retablo barroco del altar mayor. En este, en una escena bíblica de la venida del Espíritu Santo a apóstoles, discípulos y Madre de Jesús, ya resucitado, en Pentecostés, ésta, Virgen María, en el centro pictórico, era ella, la joven músico. La imagen o retrato de la Virgen con el mismo rostro, expresión y tonalidad a los de la joven una treinta de metros más abajo y la que sostenía, quizás ajena, embutida en su impecable traje oficial, la enseña de su banda de música, de cornetas y tambores, Rosario de Arriate. Maravilloso. Primer sábado de Cuaresma, 8 de marzo, Día de la Mujer.