"Anda Loreto
al sol de la Cuaresma
Sueño de Pasión".
"HAIKU CUARESMAL"
Solo en la oscuridad los versos derraman luz, destilan sentido.
(Avda. Poeta Rilke. Ronda. #DíaDeLaPoesía)
Y en esa enorme y prodigiosa caja de resonancias místicas que es la iglesia del Espíritu Santo, emergiendo de una susurrante y húmeda sordina provocada por la borrasca que en el exterior desataba su paradoja de desplante y ruido, los primeros sones de una primera melodía de percusión y metal, de pasión o redención, caían de la cúpula como hojas de otoño, como lágrimas de cristal, como esos acordes o gotas de lluvia en un espejo, en el agua del océano, para integrarse, fusionarse con cada una de las moléculas, de alteración, de sentimiento, de... que nos trama con misterio, a los seres que allí estábamos y asistíamos fascinados, estremecidos, al concierto benéfico en favor de Cáritas e interpretado por la Banda de Cornetas y Tambores Rosario de Arriate, con motivo de su XXX aniversario fundacional. Y cuando los versos de estos poemas sinfónicos penetraban y arraigaban en las entrañas de nosotros, de todos, llevándose una parte importante de nuestro interior, comenzaban a elevarse en su vuelta a la bóveda de ocho nervios para caer de nuevo en un círculo eterno, vibrante y melodioso. Normal que el cuerpo se resistiera a dejar ir tan sentidas e interpretadas marchas, erizando su piel, soltando alguna que otra lágrima, vagido o peso, latidos mayores que otros, poniendo sus vellos como escarpias para aferrarse a esas notas, agarrándose con el alma a ellas para que no salieran, permanecieran, para que siempre resonaran y conmovieran adentro, en un encuentro de afinación y belleza; tal como dijo Miguel Becerra, Hermano Mayor del Santo Entierro, tal como experimentamos todos con contento: una continua conmoción a flor de piel que no era a consecuencia del frío, sino del fuego, de gozo, magia y emoción. Sensibilidad, belleza, consciencia. Un privilegio oír, disfrutar y sentir, en la iglesia del Espíritu Santo, a la banda de cornetas y tambores Rosario de Arriate. Un placer por esta escenificación, precisamente aquí, allí, de la tragedia suprema y leyenda.
Asimismo, tengo que contarlo, en un relato muy personal o acaso porque yo fui solo observador y consciente de una inquieta coincidencia y excepcionalidad, suceso, y puesto que la casualidad no existe. Durante el concierto aconteció o asistí a cuanto sigue y de lo que si a vosotros que me leéis no os parecerá importante, sino insustancial o frívolo, a mí estremeció por su singularidad y efecto: Todos los componentes de la banda de cornetas y tambores Rosario de Arriate se apretujaban en el espacio entre el altar mayor y la bancada reclinatoria, todos o a excepción de tres o cuatro componentes que se situaron arriba en el cuadrilátero del presbiterio. Entre estos, escorada a la izquierda, una joven, la que durante casi todo el evento sostuvo el estandarte de la banda, con su titular, la virgen del Rosario, y "matrona" de Arriate, repujada en dorados. Me extrañó y atrajo de la adolescente su rostro ceroso, luminiscente, de una tonalidad como la superficie de las imágenes votivas del Templo, de la cera de tantos cirios, velas y mariposas o candelillas; de una palidez sobrecogedora, frágil, delicada, en la que se aventuraban sus enormes y oscuros ojos. Luego, en sus rasgos hallé una extraña familiaridad, reconocimiento, como si la conociera de algo o de siempre o de otro mundo o realidad. Y en este barrunto o asomo, inquieto y confuso, en su resorte, en su dictado, sin duda en su capricho, en su magia o portento, mi vista inició la búsqueda a la familiaridad, al reconocimiento, en la dilucidación de su semejanza en el enorme cuadro que preside el testero o retablo barroco del altar mayor. En este, en una escena bíblica de la venida del Espíritu Santo a apóstoles, discípulos y Madre de Jesús, ya resucitado, en Pentecostés, ésta, Virgen María, en el centro pictórico, era ella, la joven músico. La imagen o retrato de la Virgen con el mismo rostro, expresión y tonalidad a los de la joven una treinta de metros más abajo y la que sostenía, quizás ajena, embutida en su impecable traje oficial, la enseña de su banda de música, de cornetas y tambores, Rosario de Arriate. Maravilloso. Primer sábado de Cuaresma, 8 de marzo, Día de la Mujer.